¿Debería Exportar Alaska Más LNG a Asia?
Nota: Esto apareció primero en Energy Outlooks, el blog de Geoffrey Styles
Por Geoffrey Styles
El gobernador de Alaska se reunió esta semana con ejecutivos de la empresa de gas de Corea del Sur para hablar de exportaciones de gas natural licuefactado (LNG). Desde que la producción de petróleo de North Slope en Alaska se aceleró en los 1980s, se ha especulado sobre la disposición de las reservas de gas asociado del petróleo. En una carta al estado de Alaska, BP, ConocoPhillips, y ExxonMobil, los tres productores principales de North Slope, con la empresa de oleoductos Transcanada, recientemente confirmaron sus planes de construir una planta de LNG, en vez de un proyecto ya olvidado para un gasoducto hasta los Estados Unidos. El proyecto contemplado validaría tanto la escala del mercado asiático de LNG y la naturaleza a largo plazo de la revolución de gas de esquistos de EEUU.
El North Slope ya ha producido 15.000 millones de barriles de petróleo. La producción tocó techo en más de 2 millones bpd en 1988 y subsecuentemente disminuyó a menos de 600.000 bpd el año pasado. Con algunos 6.000 millones de barriles de reservas, todavía es un campo significativo, aunque ya pasó su momento. Aunque el público se ha enfocado en su producción de petróleo, los productores y el estado desde hace mucho exploran maneras para lucrarse de los 35 billones de pies cúbicos de gas asociados con su petróleo. De hecho, el complejo North Slope ha producido varios TCF al año durante años, convirtiéndola en una de las más grandes del mundo, pero la mayoría de ese gas se reinyecta para aumentar la producción de petróleo y por falta de un mercado en un estado aislado y poco poblado.
Durante décadas se ha asumido que eventualmente se construiría un oleoducto a través de Alaska y Canadá para enlazar con EEUU. La idea ganó tracción cuando la producción de gas tocó techo en el 2000 y empezó a caer. La economía de un gasoducto desde Alaska era comparativamente pobre al gas producido en la costa del golfo, pero competir con el aumento de importaciones de LNG se veía mucho más rentable. Luego llegó el gas no convencional, empezando con el metano y luego con el auge de gas de esquistos en 2005. El mercado de EEUU ahora tiene suficiente producción local para disminuir la contribución de carbón a la generación eléctrica un 7% desde 2008 y revivir a la industria gasista.
Si el gas de esquistos solo fuera un fenómeno pasajero, como algunos sugieren, sería poco relevante a los planes de los productores de North Slope. Solo necesitarían retrasar su gasoducto otro par de años y el mercado iría a ellos. Sin embargo, los estimados sitúan las reservas de gas de esquistos de EEUU entre 482 y 686 TCF –un suministro de 60 a 90 años con el consumo actual. Y el hecho de que los tres productores principales han invertido en acres de exploración y producción en cuencas de gas de esquistos provee la seguridad de la longevidad de esta producción.
Tampoco es un aliado el tiempo para los productores de Alaska. A medida que la producción de petróleo cae, la economía de las operaciones de North Slope se deteriora, mientras que mantener lleno el oleoducto Trans Alaska se hace más difícil. Encontrar una salida atractiva para el gas de North Slope no solo crearía una nueva fuente de ingreso, sino que prolongaría la producción de petróleo algunas décadas.
La opción de LNG ofrece varias ventajas, a pesar del precio estimado de entre $45.000 y $65.000 millones y la complejidad técnica. Para empezar, habría que atravesar un gasoducto 1000 millas de terreno difícil a un punto en la costa sur de Alaska. Esa ubicación es más cercana a Asia, el mercado más grande del LNG, que los proyectos de exportación de la costa del golfo. El mercado asiático también crece, en parte por un giro con la energía nuclear tras el desastre de Fukushima. El gobierno japonés se echó atrás, aunque sea por ahora, de planes para gradualmente reemplazar lo nuclear, pero quiere diversificar sus fuentes energéticas. Entre otros pasos tomados tras el terremoto Sendai y el desastre nuclear, ha instituido los incentivos solares más atractivos del mundo. Pero los recursos solares de Japón proveen solo unas horas de energía pico al día, en promedio, requiriendo gran cantidad de generación fósil para llenar los vacíos. Plantas quemando LNG están bien situadas para esto.
China ofrece una situación más compleja, con sus propias reservas potenciales de gas de esquistos y un mercado de energía del que se espera tanta demanda de gas natural hasta 2035 como el resto de países desarrollados combinados. Considerando la escala de la demanda eventual y la infraestructura necesaria para desarrollar las reservas de esquistos china, parece probable que el mercado dependerá fuertemente de importaciones de LNG en el proceso.
Asumiendo que el estado de Alaska no pone obstáculos y que los permisos de exportación de EEUU seguirían, porque las exportaciones de LNG de Alaska no afectarían los precios de gas en EEUU, las preguntas más importantes para determinar qué pasa con este proyecto no se pueden responder ahora. Entre estas está si los numerosos proyectos de LNG que compiten y se construyen en el Pacífico y otros lugares saturarán los mercados mientras tanto, y si el mercado proveerá precios atractivos para el LNG de Alaska, influenciado más por los precios del petróleo que el gas de esquistos de EEUU. Los productores de North Slope ya están inmersos en este tema a través de sus otras actividades, incluyendo la pequeña planta de LNG de Kenai, Alaska de ConoPhillips, que ha estado exportando LNG a Asia durante más de 40 años. El cronograma del proyecto del estado incluye al menos tres decisiones trascendentales en el proceso a medida que se responder estas preguntas.