Un Subsidio Flotando en el Viento
Nota: Este artículo se publicó antes en el Washington Times
Por Steve Goreham
La industria eólica de EEUU está desesperada. El Crédito Fiscal de Producción, un subsidio de 2,2 centavos por kilovatio hora de generación eólica, expirará al final de año. La Asociación Energía Eólica cita un informe de Navigant Consulting que asegura que “37.000 estadounidenses pueden perder su trabajo el primer semestre de 2013 si el Congreso no extiende el CFP”.
El Consejo de Defensa de Recursos Naturales, el Sierra Club, y otros grupos ambientalistas se han lanzado en la defensa del CFP. El Sierra Club dice, “Ahora que necesitamos energía limpia más que nunca, simplemente no podemos darnos el lujo de dejar que el CFP expire”. El CFP es la piedra angular del programa de política de energía verde de Obama y una política vital respaldada con los esfuerzos de grupos luchando contra el calentamiento global.
El CFP fue establecido por el Energy Policy Act de 1992 para apoyar a la naciente industria eólica. Pero 20 años más tarde, ¿se necesita este subsidio? Para finales de 2011, 39.000 turbinas de viento operaban en EEUU y algunas 185.000 turbinas lo hacían globalmente, de acuerdo a la Agencia Internacional de la Energía. Esta no es más una industria infantil. A pesar del alto número de turbinas, el viento provee menos de 1% de la energía de EEUU y menos de 1% de la energía global. Una extensión de un año del CFP costaría a los estadounidenses $12.000 millones.
En septiembre, 19 empresas enviaron una carta a la Cámara de Representes pidiendo una extensión del CFP. ¿Por qué apoyarían esa carta Johnson & Johnson, Sprint, Starbucks, y otros firmantes? Dijeron estar preocupadas de que “el fin del CFP para el viento impondría un impuesto a nuestras empresas y miles más como nosotros que compramos cantidades significativas de energía renovable…”.
Nunca ha estado tan desorientadas las corporaciones de EEUU. Políticas absurdas como el CFP y programas proactivos empresariales para comprar energía verde están basados en el climatismo, la creencia de que gases invernaderos creados por el hombre están destruyendo el clima de la tierra. Una cantidad de ciencia demuestra que el clima terráqueo es natural y que las emisiones humanas son insignificantes. Sin embargo, la página web de Johnson & Johnson asegura haber hecho una reducción de 23% de sus emisiones de carbono entre 1990-2010. Esa reducción de emisiones y dos dólares tal vez te consigan una taza de café de Starbucks.
Aunque muchos quisieran suplir al mundo de energía con vientos de poniente, la intermetencia del viento se traduce en que las turbinas de viento no pueden reemplazar la energía nuclear, de gas natural, o de carbón. Las 39.000 turbinas de EEUU generaron solo 29% de su capacidad nominal durante 2011. Cuando el viento no sopla, una planta eléctrica convencional debe proveer energía de remplazo en caso de que la seguridad de suministro se vea amenazada.
De hecho, la electricidad con origen en turbinas de viento no reduce las emisiones de CO2 del sistema eléctrico. A raíz de la variabilidad del viento, el exceso de suministro de gas y carbón deben operar ineficiente y frecuentemente con prendidas y apagadas para apoyar la demanda. Estudios de sistemas de generación de Holanda, Colorado, y Texas demuestran que los sistemas combinados de viento y generación convencional emiten más CO2 y consumen más combustible que los sistemas convencionales por si solos.
El viento es más costoso que la generación convencional. Estudios del Departamento de Energía de EEUU demuestran que la electricidad del carbón y gas natural es mucho menos costosa que la eólica, sin depender de subsidios para operar. El Departamento estima que el mundo tiene 200 años de reservas recuperables de gas natural, gracias a la revolución de fraccionamiento. Si la teoría de calentamiento global humano está equivocada, ¿para qué subsidiar otra turbina de viento?
El gobierno siempre puede crear subsidios para crear o sostener empleos, pero esta puede que no sea la mejor manera. Thomas Jefferson no se equivocaba cuando dijo, “Solamente los errores requieren de apoyo gubernamental. Solo la verdad pueda pararse por sí sola”. Supongamos que dejamos a la industria eólica competir por su propio mérito.
Steve Goreham es Director Ejecutivo de Climate Science Coalition of America y autor del nuevo libro The mad, Mad, Mad World of Climatism: Makind and Climate Change Mania.