El Mandato Energético de Obama: Más Petróleo y Gas

Por Peter C Glover

Durante la campaña presidencial Barack Obama fue “económico con la verdad” como mínimo en temas energéticos. Al asumir el crédito por el éxito de la industria de petróleo y gas de esquistos, recurrió un poco a la política de Chicago atrevida dado que la mayoría del desarrollo se hizo en propiedad privada. Pero con el precipicio fiscal aproximándose el 1 de enero, el presidente estará involucrado en la toma de decisiones críticas para la política energética. ¿Así que cuál es el mandato electoral del presidente en su segundo mandato? ¿Renunciará su ideología en contra los combustibles fósiles para beneficio de los intereses económicos de la nación? ¿O prolongará su ficción costosa y sobre-subsidiada de “crear un millón de trabajos verdes?”

Pues el hecho es que, si los detalles de un reportaje reciente sobre la noche electoral son fiables, el presidente ha recibido un mandato bipartidista muy específico: más petróleo y gas nacional, por favor Sr. Presidente.

De acuerdo a una encuesta de Harris Interactive realizada para el American Petroleum Institute, 90% de demócratas y republicanos y 94% de independientes consideran a la energía como “muy importante” para ellos. Lo más importante para el presidente reelegido es que 73% de los encuestados favorecen la producción de más petróleo y gas en el país. Un 68% de los votantes reconocieron que aumentar los impuestos a las empresas de petróleo y gas simplemente aumenta los costos de consumidores. Y una segunda encuesta telefónica realizada por Harris también mostró un apoyo sorprendente de 75% de la población por la construcción del oleoducto Keystone XL. El dato incluye 60% de demócratas, 76% de independientes, y 95% de republicanos.

Con la posibilidad de impuestos más altos y el oleoducto de Keystone como temas prioritarios del Congreso, la energía claramente es un tema en el que el presidente tiene un mandato –y no corresponde a políticas contra los combustibles fósiles del primer gobierno del presidente. Simplemente el electorado está enterado sobre la necesidad de evitar descarrilar el enorme impacto del petróleo y gas de esquistes sobre la economía y sobre la creación de empleos. Sin embargo, el presidente resucitó su compromiso electoral de 2008 de actuar contra el cambio climático. Y eso sugiere más intervención estatal que podría finalmente matar a la industria de carbón gozando actualmente de un auge en nuevos mercados de exportación. Mientras se reelegía a Obama, el mercado castigó las acciones de carbón y sus inversionistas al anticipar una serie de regulaciones contra el carbón en el plan político. Y el compromiso climático generalmente mantiene preocupado a la industria de hidrocarburos. ¿Así que qué camino elegirá un presidente que ya no depende del electorado o de ganancias políticas?

Pues la evidencia sugiere que el presidente Obama ya está gastando parte de su capital político en prolongar su campaña contra los combustibles fósiles. Solo dos días después de su reelección, el Departamento de Interior anunció un plan para retirar 1,6 millones de acres de tierra federal designada por el gobierno de George Bush para la exploración de petróleo de esquitos. Inclusive antes de las elecciones, el Bureau de Gestión de Tierra –otro eslabón más de la burocracia gubernamental- publicó unas regulaciones propuestas para gestionar el desarrollo de petróleo y gas en tierra federal e indígena. Son tan complicadas y costosas estas regulaciones que algunos sugieren que en efecto amenazan a la naciente industria de gas de esquistos al hacer de las enormes reservas energéticas en tierras federales o indígenas inviables económicamente.

Por otro lado, un nuevo informe de Moody’s Investor Service predice que el presidente se echará atrás y eventualmente aprobará el oleoducto de Keystone XL. Sin embargo, calificó lo anterior advirtiendo que “la aprobación no será rápida” y que el largo proceso de permisos amenaza con “dejar pasar el boom de precios de petróleo que inspiró a Keystone XL en primer lugar”. Y el informe también anticipa tiempos más difíciles para la industria de petróleo y gas con una ampliación considerable de los poderes regulatorios y más supervisión federal de la fracturación hidráulica y exploración en aguas profundas.

¿Así que qué podemos esperar del segundo mandato de Obama?

Un impuesto al carbón sería difícil, si no imposible, de vender en una Cámara dominada por republicanos. Su impacto sobre la industria manufacturera y sobre la competitividad sería demasiado destructivo. Mientras, aunque el ingreso fiscal gracias al éxito de las industrias de gas y petróleo de esquistos en tierras privadas seguirá aumentado, puede esperarse que las restricciones en tierras federales e indígenas sigan impidiendo acceso a una bonanza debajo de sus pies. Así que mientras se felicita de haber aumentado en algo el ingreso fiscal y la creación de empleo con la cual no tiene nada que ver, esperen que el presidente siga su campaña en contra de los combustibles fósiles. Esa campaña activamente restringirá el acceso a perforaciones marítimas y al ingreso fiscal que el gobierno podría ganar de ello.

En cambio podemos esperar más uso de gobernanza energética  a dedo. Es decir, a través de la agilidad política de los perros de caza ideológicos de la industria energética en la EPA y el Buró de Gestión de Tierras. Aunque implique perder más ingreso fiscal de la industria energética, ya han demostrado ser una forma más ágil de imponer regulaciones que en efecto elevan los costos de nuevos desarrollos de gas y petróleo.

Ya sea que el gobierno escoja la guerra abierta contra el carbón en la Cámara o que recurra al camino encubierto inherente a los cuerpos regulatorios, el uso de cualquiera parecería ir en contra del mandato bipartidista que obtuvo. Un mandato que clama por apoyar más inversiones en el petróleo y gas; y no uno para imponer impedimentos cada vez más onerosos  sobre la industria de petróleo y gas.

¿Escucha Sr. Presidente?

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